Crónica de una madriza anunciada

Es cierto que la calidad del programa nos hizo añorar aquellos talk shows que conducía Carmen Salinas, pero eso sólo comprueba que ni siquiera barriéndole y puliéndole a Roberto un cuadrilátero éste dejará de resbalarse una y otra vez. Su discurso fue más sobado que un barandal del metro. Seguro que, aconsejado por sus asesores, quiso apantallarnos con aquello del "centro" que a nadie le sabe ni a fresa ni a vainilla. A lo mejor por eso es que prefirió volver a sacar lo barrio y se olvidó de los telvidentes-electores para dirigir su artillería hacia Calderón, al que hasta terminó por tildar de chaparro. Era de esperarse que le llegara un buen gancho al hígado por donde menos lo esperaba, por el fajador Campa que, chiquito pero picoso, lo hizo dar con la nariz en la lona. (Al fin que a eso iba, a cobrarle las facturas pendientes. La distante presidencia, de todos modos, le importa un pepino)
La lucha es a dos de tres caídas. Y Madrazo ya perdió la primera. Los números no mienten, y no hay un solo analista que lo saque del negro abismo de la derrota. Y en las encuestas sólo los que en ese momento seguro estaban viendo el Chavo del Ocho en otro canal le regalaron un miserable 18% (Liga a encuestas de Reforma)
Y como suele ser su costumbre, Madrazo no se enteró de nada. Al salir se presentó muy ufano a la fiesta para ser declarado campeón en un hotel cercano al WTC y el jolgorio no duró ni 10 minutos. Ni mariachis ni globos ni serpentinas pudieron levantar el ánimo del que sabía que mayor ridículo no hubiera hecho ni saliendo encuerado al estrado imitando a Juan Gabriel. (Liga a Nota)
Está escrito. El poder ejecutivo del siguiente sexenio será azul o amarillo. Roberto ayer patinó, como siempre y, tal vez, para siempre. Le aseguró al PRI y al verde un muy merecido e inamovible tercer lugar. Y la madriza y el madrazo, de aquí a julio, nadie se los quita.
Bob Guamazo
Ciudadano de a pie









