Roberto, bailando (en la cuerda floja) por un sueño
Otra encuesta salió: la famosa Mitofsky, y ¿quién crees que salió en tercer lugar? Ahora con un 28.8 de calificación. Entre otros logros registrados, Roberto Madrazo puede jactarse de ser el candidato cuya propaganda menos gusta a la gente (en la que, lo más que se recuerda, no es ni su lema ni sus propuestas, sino sus impulsos beligerantes contra su paisano tabasqueño), además, sigue en el primer lugar como el candidato por el que nunca votaría el electorado.
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Con esos resultados, lo más inteligente que podría hacer Roberto es suspender su campaña y sus absurdos promocionales por televisión. Sin embargo, por ahí se rumora que su partido y otro de color azul entraron en un contubernio con el gran monopolio televisivo; un acuerdo que consiste en apoyar la llamada "ley televisa" a cambio de que se apoyen las campañas de estos partidos (F.39). Si eso es cierto, realmente sería venderse muy bajo. Roberto no levanta con nada (y Calderón está por el estilo pero él será tema de algún otro blog). Por otro lado si las pretensiones de Roberto eran ser presidente, desentenderse de este asunto (como ya lo ha hecho) es lo peor que puede hacer. Puede ser inteligente (jaja) y promulgarse en contra de una ley que limitará al estado y por tanto el poder presidencial. O podría regresar a ser el cínico Roberto y apoyar a su partido; él sabe cuál es la postura de los diputados y senadores del PRI. Lo que sí resulta ridículo es que diga que la aprobación de la ley le corresponde a ellos y que él sólo respetará la decisión que tomen. ¿Será que le tiene miedo a Bartlett (el senador priista que se declaró en contra de dicha ley)? ¿Roberto? ¿El que siempre quiere peleas y debates? Tal vez lo que sucede es que apoya la "ley televisa" (callarse en este caso, a fin de cuentas es apoyarla) porque le gusta mucho cómo se ve en la tele y quiere aprovechar sus treinta segundos de fama, los únicos que tendrá una vez que llegue el 2 de julio. O tal vez ya hizo un acuerdo (por lo oscurito) con los monopolios para lanzarse con un talk show, uno en el que invitaría a políticos para retarlos a amistosos debates karatecas, uno al que por fin pudiera hacer ir, algún día, a López Obrador.
Se vale soñar.



















